Colombia / Juan Miguel Narváez Eraso: Fútbol, racismo y vulgaridades

Es increíble que la discrepancia racial haya marcado a la capital nariñense y particularmente a los hinchas del Deportivo Pasto. Lo digo por la merecida sanción que la Comisión Disciplinaria de la Dimayor, le impuso hace unos días al combinado local.

Con la bochornosa actitud de algunos fanáticos del balompié, la Asociación Deportivo Pasto deberá tomar serias decisiones e invertir en estrategias de sensibilización ciudadana, para terminar de una vez por todas con las espantosas, desagradables y bajas actuaciones de algunos seguidores del combinado.

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Juan Miguel Narváez Eraso

Si bien es cierto directivos de la Asociación Deportivo Pasto, jugadores, técnicos y aficionados, hace unas semanas se sintieron ofendidos por un mal comentario que el famoso locutor de Barranquilla Chelo de Castro hizo contra el equipo, la ciudad y quienes habitamos en ella, entonces porque no pueden demostrar su descontento los jugadores de la Equidad Seguros; Dhawlim Leudo y Carmelo Valencia a quienes en el minuto 83 del juego realizado hace unos días en el estadio Libertad, un grupo de ‘cultos’ aficionados del Pasto les habían gritando ‘micos’ y ‘negros’.

Aunque por los medios de comunicación nacional se conoció que dicha agremiación deberá pagar una multa que supera los 10 millones de pesos, son mayores los daños sociales generados por las actitudes de ciertos desadaptados del balompié local y nacional. Si bien es cierto el pago de esa cantidad de dinero es minima para el Deportivo Pasto, seguro que no tomarán correctivos para impedir que esa y otras situaciones se sigan presentando.

Con esos y otros precedentes, da temor asistir al estadio Libertad no por los supuestos índices de inseguridad que se pueden vivir en las afueras del escenario deportivo, sino por las ‘temerosas revueltas verbales’ que a viva voz se escuchan desde las cuatro tribunas. Con ese ‘refinado’ vocabulario que identifica a los hinchas del Pasto y de otros equipos del fútbol profesional colombiano, a nadie le queda las buenas intenciones de asistir a un encuentro futbolero más.

De igual manera, pocas ganas quedarán para llevar a la familia a un estadio que en lugar de ser un recinto para la promoción del deporte, la práctica del respeto, el juego limpio y la tolerancia, se asemeja a una cárcel de alta peligrosidad. Esta afirmación la hago porque en las escasas oportunidades que he tenido de asistir para respaldar al Pasto, son innumerables los reiterados ‘madrazos’ y vulgaridades que algunos aficionados lanzan contra árbitros, jugadores, arqueros, técnicos y directivos.

Si bien es cierto ese tipo de situaciones se presenta en otros estadios de Colombia, es una vergüenza que en Pasto, la cual a lo largo de la historia se ha distinguido por ser la Noble y Leal Ciudad, se presenten esas situaciones. Considero que esas malas actuaciones muy poco se deben al amor que los aficionados sienten por el equipo y por la región, sino más bien por los intereses que tienen en cada apuesta.

La nota ha sido tomada desde: http://www.diariodelsur.com.co/

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